
El lugar en donde vivo ha sido una grata sorpresa. Llegué la primavera pasada y la verdad, no esperaba nada diferente a cualquier otro lugar donde he vivido antes.
Este lugar me ha regalado amaneceres muy anaranjados. Gracias a que no es una ciudad y tampoco es parte del centro del pueblo, puedo ver el cielo completo en cualquier momento.
Hay árboles de varios tipos. Veo y escucho aves que no conocía.
Me siento parte de la vida, de la naturaleza y de esas otras especies no humanas. Hay sol, mucho sol, calor húmedo casi sin viento, que aún cuando sofocan mi aliento los adoro casi todo el tiempo.
Casi un año ha pasado y ha sido suficiente para saber que de Morelos me he enamorado.