Como buen amante de la naturaleza, de la que siempre disfruto en cualquier hora del día o en cualquier época del año, he tratado en medida de las posibilidades, rodearme de todos sus elementos, y mi pequeño espacio está lleno de plantas, aire, tierra, un poco de agua y fuego cada vez que requiero de esa chispa que calienta el corazon y lo enciendo.
A pesar de las dificultades a las que me he enfrentado para conservarlo, aún puedo gozar de los distintos tonos de verde en cualquier estación del año, pero sí mucho más abundante en la temporada de lluvias, aún en el otoño, cuando me maravillo con una gran alfombra sonora con tonos marrones, existen esos follajes que siguen siendo verdes.
Muy a mi pesar, la abundante vegetación ha disminuido considerablemente por condiciones ajenas a mis alcance, y yo he tenido que mutilar tres árboles que extendí su vida lo más que las situaciones me lo permitieron, cuando inició la construcción, busqué el espacio donde hubiera menos plantas y árboles y adaptar el proyecto para salvarlos, dentro de mi pensamiento no cabía la idea de tener que destruir para crear algo nuevo, y así dentro de la construcción quedaron dos pequeños árboles un nogal y un Fresno, que daban un toque encantador a mi pequeña cabaña, estuvieron ahí calculo, que unos 15 años y su crecimiento obligaba constantemente a hacer adaptaciones al techo y al piso, hasta que un día sus raíces manifestaron que no habían profundizado lo necesario y sus brotes habían empezado a fracturar los pisos y la barda vecina, por sugerencias de algunas personas “conocedoras”, decidí con el corazón deshecho cortarlos.
Por cuestiones de poco interés solo se cortaron, pusieron un líquido para que se secaran, pero la base sigue ahí, y cada que la veo, no puedo evitar lamentar mi crimen y al mismo tiempo me dice:
“Las cosas, no son como tú quieres, hagas lo que hagas, siempre habrá factores externos que cambiarán tus planes y decisiones, no todo depende de ti y aunque parezca que al final ha llegado, tal vez solo sea un nuevo comienzo”
En esa pequeña base del árbol, brotan y brotan pequeñas retoños aún en las condiciones más inhóspitas en las que se encuentra, esos pequeños brotes son justo los que en cada momento en los que digo: “Hasta aquí llego”, me dicen:
“viene algo más”.