Cuando vi que el tema era sobre juguetes, no pude evitar sentir desagrado. A veces me molesta ser tan grinch o como dijo una vez una de mis compañeras de tinta, “hablas tan raro de ti y de tu familia” que me siento fuera de lugar en temas tan cotidianos para la mayoría pero ajenos para mi.
Yo crecí entre tierra. Montones de grava y arena. Pilas de ladrillos y tablas, muchas tablas y láminas. Ese era mi patio de juegos. No, no había dinero para juguetes. Cuando había dinero mi madre preguntaba “¿quieres un juguete o mejor compramos esas calcetas que te hacen falta?” o zapatos, o almohadas o un cobertor azul que compramos en abonos con unos reyes. Amaba ese cobertor. Lo dejé hecho jirones.
Aprendí a jugar con mis hermanos, mis perros y a construir. Mis “juguetes” eran esos materiales y la caja de herramientas de mi padre, que generosamente nos las prestaba siempre que no perdiéramos nada.
No, no siento que me haya hecho falta una muñeca o un oso o cualquier otro juguete. No, tampoco me parecía raro que no los tuviera. En mi comunidad todos éramos pobres, así que mi normalidad era que los juguetes más comunes fueran los luchadores y soldados de plástico del mercado y las muñecas imitación barbie. Pero ninguno de ellos me atraía.
En cambio la caja de herramientas, las maderas, los clavos y el taladro… uff. Me parecía lo mejor del mundo ese taladro. Aprendí a construir y lo disfruto. Hasta la fecha tengo mi propia caja de herramientas y por supuesto, mi gran taladro amarillo.
En mi casa soy yo quien hace cualquier trabajo de carpintería, construcción, pintura, etc. Me gusta. Me hace sentir útil y poderosa. Me siento fuerte e imparable.
Siempre estoy con un proyecto “activo”. Ahora por ejemplo, estoy trabajando en un mueble para el espacio debajo de las escaleras. Me voy a tardar porque es mi pasatiempo, pero lo terminaré, seguro.
Mis padres no lo saben, pero agradezco que no me hayan dado juguetes porque lo que aprendí con esa caja de herramientas y materiales me hicieron autosuficiente para las remodelaciones. Me dieron conocimiento y me empoderaron a ser la constructora que soy hoy.