Las conversaciones con el espejo, esas ocasiones donde te confrontas a ti misma, tus creencias, decisiones o permisividades son terribles para mi, porque siempre terminan en el mismo lugar: la duda.
Siempre he tenido dudas sobre mi reflejo. Porqué sé que lo que veo no es “lo real” o mejor dicho, porque sé que existen muchas realidades que conviven, solo que unas son mayoría.
Piensa en un daltónico. Ese ejemplo es simple porque no hay lugar a duda que él y tu -persona sin daltonismo- ven el mismo objeto, en el mismo lugar, situación o circunstancia, diferente. Tú morado y él azul -por ejemplo-. Es su cerebro el que hace que él vea la luz y sus colores diferente a ti y nada en el mundo hará que los vea como tu. Ahora, imagina la vida sin morado.
Yo dudo hasta de mi reflejo. ¿Lo que veo es así en realidad? ¿o me veo de una manera distorsionada o irreal? ¿por qué les molesta que yo escuche única y exclusivamente lo que dicen? yo no entiendo de “lenguaje corporal”, de “tonos” o de “leer entre líneas”. Si a mí no me dicen las cosas yo ni por asomo las noto.
¿Cómo sería mi vida si tuviera fe? ¿Dejaría de dudar que tomé la mejor decisión? ¿Dejaría de temer equivocarme? ¿Estaría confiada en que lo que veo y oigo es real? A veces creo que yo soy lo que me dijeron que era, que me describo a partir de como me han dicho que soy. Oigo sus voces y creo que son mis pensamientos ¿o no?
Desearía tanto tener la fe que hace que creas en todo y en todos. Esa fe que no te deja dudar de que que lo que ves es real. Esa fe que te deja descansar el pensamiento porque todo está así porque así debe ser.
¿Qué hace falta para creer? ¿Por qué no lo tengo?