Todas lo hemos dicho al menos una vez: Yo soy diferente, no soy como esas mujeres calladas y sumisas. ¿Porque eso es mal visto ahora?
Al menos yo, estoy CANSADA de esta trampa cultural y social de ser supermujer, multitask, cabrona -lo que sea que eso signifique- y que lo puede todo. Por que es mentira. No podemos con todo y si lo intentamos terminamos agotadas mental, física y emocionalmente.
¿De dónde salió que la máscara de súper mujer a la que no le importa nada ni nadie y que no tiene pelos en la lengua es la mejor versión de una mujer?
Tal parece que con tal de ser el opuesto de las mujeres de la generación de nuestras abuelas y madres es lo ideal y si ellas lo “hacían todo mal” ¿cómo es que nos construyeron a nosotras como somos? Esa máscara que nos ponemos de ser un intento fallido de dura, fuerte, que nada le duele y que no necesita de nada ni nadie me parece la peor máscara de todas. ¿a ti no?
Piensa en todas esas veces que quieres un abrazo y no lo pides. Que quieres gritar y llorar y no lo haces. De las ocasiones en las que admitir que buscas el amor te lleva a pensar en lo tonta que eres. Lo peor es que crees que nadie se da cuenta. Y si, lo vemos.
Detrás de la máscara de “verdades incómodas”, de “pensar diferente”, de “actuar como hombre” y de “no ser dejada” hay una persona que solo sabe relacionarse si se niega a sí misma y de un modo cruel te pones una mordaza diferente a la de nuestras madres y abuelas.
Los años de traer esta máscara dejan consecuencias. Como si fuera un químico tóxico empiezas a verte seca por fuera aunque por dentro estas inundada de lágrimas calladas. Hay depresión, ansiedad, desconexión contigo misma hasta el punto de no saber quién eres en el fondo. ¿Esa comida me gusta porque es la más rara o del sabor más fuerte y nadie más la come o en verdad me gustan los sabores fuertes y amargos?
¡AL CARAJO! Soy persona. Soy mujer y si, me gusta el rosa… y el negro y el verde y el morado y el gris. Tengo actitudes y gustos femeninos y masculinos. Me gusta la miel, las flores, los olores suaves y dulces, odio el picante y la cerveza y me encanta que me regalen chocolates. Me gusta la calidez de un abrazo. Uso faldas, pantalones, vestidos, shorts y no me importa si combinan o van con mi edad. Lloro con las películas y me gustan los boleros. Soy fuerte y ser femenina, delicada y amorosa no me hace débil, es otra forma de fortaleza. No hago más de una cosa a la vez. No evito ser mi madre ni mi abuela, porque hacerlo sería negarme a mi misma y mi historia. No le digo a nadie mi opinión si no la piden, y no me gusta decir cosas grotescas ni duras para hacer sentir mal a nadie. Evito discutir porque me gusta la paz, MI PAZ.