La música es el arte que más me permite conectar con las emociones y mediante la cual he podido establecer conexiones con las personas más allegadas a mí. Es el arte al que me ligué más pronto —a los 3 años, edad al parecer clave en mi vida— y factor importante en mi apreciación de otras artes, especialmente el cine, la danza y el teatro, aunque también la pintura la tengo ligada a los sonidos porque siempre reverbera en mis emociones.
Fue también la primera expresión artística de la que agradecí su existencia por fungir en mi vida de salvavidas, creador de conciencia, detonante de sensibilidad y crisol de felicidad; factor primordial en mi aprendizaje y crecimiento. Incluso está relacionado con el primer pago que recibí por realizar un trabajo que, además, no lo sentí como tal.
La música en mi vida es como un hilo conductor que se relaciona con espacios, momentos, colores… ejerce sobre mí fascinación y atracción y es una constante en mi camino, aunque no esté escuchando algo puedo estar cantando o haciendo ruidos o llevar mentalmente la melodía; pero cuando la tristeza ha sido profunda, he necesitado silencio para vivir el duelo. Los silencios siguen siendo parte de ese hilo conductor musical, van ligados al sonido como las sombras a la luz.
Depende de mi estado de ánimo y capacidad de conectar, que la música puede ponerme los nervios de punta o calmarme con pocos acordes. Tengo mis canciones y estilos favoritos ligados a estados de ánimo, y aunque trato de estar abierta a probar diferentes estilos, ritmos, instrumentos o autores, reconozco que mi contexto cultural y personal influye mucho en mis gustos musicales.
Cuando conecto con música alegre me dan ganas de bailar, si no puedo hacerlo en ese momento bailo en mi mente libremente. Otras veces conecto con mi tristeza o dolor y lloro sin tener aparentemente una razón. Hay, sin embargo, una emoción que no logro destrabar con la música, es el enojo, para ello necesito moverme, no sólo escuchar… tal vez si me gustara el Metal, pero para apreciarlo requiero tener altos niveles de frustración, rabia y ansiedad… gracias a Euterpe existen cientos de diversos estilos, ritmos y expresiones musicales que me mantienen en equilibrio y me alejan del Metal.
Tengo la sensación de que la música tiene un poder trascendente que afecta a todos los seres vivos, incluidos los que no tienen sentido del oído. Desde Pitágoras se maneja la teoría de que existe entre los astros una proporción armónica, es decir, una relación matemática proporcional, tanto a la distancia entre los cuerpos celestes que pertenecen a un sistema como a la velocidad de giro y traslación de cada uno, y que algunos interpretan como la existencia de una musicalidad en el universo, aunque no tengamos la capacidad de escucharla. Supongo que en esa teoría se inspiró Tolkien al describir en El Silmarillion cómo el universo del que trata su famosa novela fue creado con música y canto… es hermoso y poético. Habla del poder universal que posee la música, de estar inmersos en una gran obra de arte.
Así como los neurólogos dicen que la música provoca actividad cerebral variada y completa, más si se toca algún instrumento y más si se dirige una orquesta o se componen piezas musicales, ya que entonces parece que el cerebro vive fuegos artificiales de diversos colores en ambos hemisferios, a mí se me figura que el universo explota en sonidos y colores ligado a nuestras emociones que, aunque seamos sordos a ellas, son musicales.