Escribo ahora de lo que no había podido hablar porque como diría Freud “las emociones que no se expresan no mueren, se pudren dentro y salen más adelante de las formas más inhóspitas” y no quiero explotar como una olla express.
Éste tipo de abuso ha sido parte de mi vida desde la infancia; ejercida principalmente por personas conocidas, supuestamente “de mi entorno social seguro”, familiares, compañeros de la escuela, novios, amigos, vecinos y ligues.
Cuando vivía con mi abuelita un primo se subía encima de mi, yo no entendía que estaba pasando pues apenas tenía 9 años o 10 y eso no me parecía bueno pero el era apenas unos tres años mayor que yo y solía ver muchas revistas pornograficas que estaban bajo su cama. Claro que mi abuelita no me lo creyó. Después las miradas lascivas constantes un familiar me incomodaban cuando entre en la pubertad.
Más adelante apenas había entrado a la secundaria cuando varios de mis compañeros así de la nada me empezaron a dar nalgadas y no había nadie que pudiera defenderme, lo único por lo que si luche es porque me sacarán de esa escuela militarizada que pronto acabaría con mi dignidad si no lo hacía.
Casi al salir de otra secundaria me encontré en situaciones bochornosas con varios hombres, que terminaban en casi violaciones, todo por no saber poner límites ahora lo puedo palpar y ver claramente.
Ya casada y pronto se cumplen 10 años de que tuve un vecino que contratamos como albañil para construir la segunda planta de la casa y que a base de engaños me llevó a su casa y estuvo a nada de violarme, me salvé y prometí no volver a confiar en ningún hombre, ¡Oh error!. El además de abuso sexual cometió otro tipo de abuso llamado gaslighting, que me hace pensar en cómo desgraciadamente de un abuso se pueden derivar otros lo cual es una verdadera prueba de fuego para la mente y el espíritu.
Más adelante después de la pandemia me vi en una situación parecida pero con una mujer, ese, consideré que ya fue la gota que derramó el vaso, motivo para ir a dar al psiquiatra, nunca pensé que pudiera pasarme a mí todo eso, sí hasta participé en una antología titulada no más violencia con mi escrito acerca de la pesadilla qué pase con el vecino que fue la que me detonó mucha ansiedad pues fuimos testigos de cómo un poco antes que me hiciera lo que me hizo mató a su propio perro y no bastándole eso lo colgó en un árbol como trofeo, por supuesto que yo ya me veía finalizando así mis días.
Hoy piso cualquier terreno con mucho cuidado, a mis hijas les advertí acerca de los hombres, nunca de las mujeres. Hoy ya no hay distinción, hoy todo está como de cabeza.
Describir cómo se siente eso es realmente estremecedor: se acelera el latido cardíaco, a su vez se mezcla con angustia y el ocre sabor del miedo y la vergüenza que se refleja en un nudo en la garganta que la cierra, que obstruye las palabras, las quejas que se ahogan dentro queriéndonos defender y que sólo optan por agonizar en la mente, mientras arañan la siringe para intentar ser pronunciadas y finalmente escuchadas.
Ojalá éste escrito haga eco por lo menos en una persona, con eso sentiré que nada ha sido en vano, que les prevenga y ayude a poner límites firmes evitando situaciones tan embarazosas como las que hubiera deseado nunca vivir.
Me abusaron y hoy me pongo abusada
