Honestamente nunca tuve un eje en mi vida. De niña tengo un recuerdo muy marcado que una vez me dijo mi madre:
<<Tu deberías ser jueza de grande>> en referencia de que yo tenía un carácter “fuerte”, según ella porque me enojaba con facilidad. Entonces tuve un sentido de fortaleza erróneo que no comprendí hasta ahora. La mayoría del tiempo no se gobernarme, esa debilidad se fue acrecentando hasta mi adolescencia. En esta etapa lo más cercano a retomar un camino fue:
<<Deseo ser una mujer que pueda expresarse>> y me solté a escribir, motivada por mis silencios y por haber leído sobre Anna Frank. Tambien pense:
<<Quiero ser escuchada>> inconsciente en una idea de ser cantante, debido a mi santificada melomanía. Pero no tenía planes ni aspiraciones sobre mi persona, más que ser “seria” y saltar como leona cuando algo no me gusta. Al casarme a los 27 mi debilidad explotó y provocó un cataclismo emocional y físico que devastó mi cordura y me obligó a reflexionar sobre lo que que deseo ser actualmente, convencida de que este presente es lo que verdaderamente importa:
Sé que soy una mujer que va paso a paso, un día a la vez. Lo más importante para mi se ha vuelto disfrutar cada momento de mi existencia al lado de mi familia y de cada persona con la que coincido en esta experiencia terrenal. No aspiro a ser perfecta pero sí consciente de mis dones y de lo profundo de mi oscuridad para hacer lo que mejor se pueda la vida y dejarla con un mejor sabor. Así pues, hoy no hay anhelo, existe la convicción de que <<Soy una mujer que sabe ser feliz y externa sus emociones y sus pensamientos>>.