Para estar alegre, me basta estar con los míos o con personas que me quieran; compartiendo la vida, la música, y las letras. Entonces me vuelvo risa, abrazos, baile y aplausos; vibra buena, sonrisa honesta. Si pienso en la alegría, mi memoria abraza los recuerdos que tengo con mi esposa: Ella y yo bailando en un concierto de Miranda!, ella y yo nadando en el balneario, siempre ella y su sonrisa, su baile y su buen humor. Y también revivo los momentos con mi hermana cuando habla y ríe y el de mi madre bailando en aquella reunión con sus hermanas y la abuela. De gusto me contagio con todas sus alegrías, como cuando empiezan a trinar las primeras notas del violín, la trompeta o la guitarra del mariachi, ahí también se desborda mi corazón con más colores dulces que me nutren el alma.
Mis alegrías
