Pintar, leer y escribir son mis hobbies favoritos.
Este último par de años el mar que tan pacífico permanecía con sus preciosas playas color tostado comenzó a contaminarse, esto a su vez lo embraveció provocando alteraciones en su oleaje.
El sol brillaba la mayor parte de los días, las aves anidaban en sus al rededores embelleciendo visual y acústicamente el paisaje.
Empezó la prosperidad en muchos aspectos sus palmeras se llenaban de cocos y el sol reflejado sobre las aguas tornaba el agua de un azul turquesa en el que nadaban bellos peces coloridos alegrando el mar con sus chisporroteos y ocurrencias muy a orar de la contaminación que ya empezaba a sentirse. El mar les cubría sus necesidades a cambio de la alegría.
El mar a veces se ponía melancólico recordando los tiempos malos, en los que comenzó a llenarse de una especie de telarañas que parecía que lo invadirían extinguiéndomelo la vida, eso nunca le había pasado no se esplicaba en qué momento permitió la invasión a su privacidad, trataba de librarse y más se enredaba.
El destino es incierto tan incierto que atrajo a sus playas a un pescador que las amaba y también amaba al mar que les había dado origen.
El pescador comenzó tierna y fervientemente un arduo trabajo, pues ahí él pasaba sus mejores atardeceres, mirando el horizonte y como parecía fundirse en ocasiones el mar y el cielo, sus bellos tonos azules se entrelazaban, espectáculo que lo mantenía cautivo.
Y en las noches de luna nunca faltaba, le gustaba mirar ahí las estrellas, imaginando quién sabe qué, se pasaba el tiempo sin sentirlo, era su lugar seguro, de sustento, de recreación, su todo…
No sabía cómo haría , pero no estaba dispuesto a perder su pequeño paraíso a causa de esa plaga que por descuido logró filtrarse.
Desde que el alba a lo lejos empezaba a despuntar él buscaba los medios para irse deshaciendo de ese infortunio, invirtió tiempo y recursos que surtieron efecto.
Fue después de eso que llegaron al mar los cardúmenes y la prosperidad.
Unidos el pescador y la mar, se dieron cuenta de lo mucho que podrían avanzar en esa simbiosis perfecta que sólo el amor puede cobijar.
Por atardeceres eternos y cielos estrellados, por aguas azules, salpicadas de cardúmenes de colores. Disfrutando los cocos que sacian la sed del pescador y que a su vez embellecen la mar siendo una especie de pago para ambos después de las adversidades que debieron pasar.