Mientras detenidamente analizo cuál de las emociones dominantes “gobierna” mi vida, si es enojo, tristeza o ansiedad comienza a rodearme una especie de desesperación que me hace darme cuenta cual de las tres es mi emoción al control.
A pesar que yo juraba que con todo el tratamiento y dinero invertido en mi salud mental esta emoción había sido suplantada por la alegría , me doy ahora cuenta de lo equivocada que estaba.
Sobre pensar es una acción que forma parte de mi día a día. Aveces siento que me supera, pues no tomo el tiempo para detenerme y ponerle un alto en mi mente.
La constante preocupación por X o Y que aunque no existiera tengo el superpoder de inventármelo y recalcar surcando heridas que a su vez producen sufrimientos indebidos y aunque fueran muy debidos en ocasiones no tienen solución.
La ansiedad es la emoción que me atrevo hoy por hoy que está arrasando vidas como un ciclón, las pone de cabeza, alterándolo todo, le hemos dado cabida en nuestras vidas como nunca antes.
En las grandes urbes suele abundar más que en el entorno rural, donde todo suele parecer como si se detuviera el tiempo, el trabajo, la moda, la economía, los problemas y un largo etcétera.
Me gusta tener momentos para mi, en los que la necesidad no tiene parte.
Leer anécdotas e historias asombrosas, salir a caminar sintiendo el viento en mi cara, nadar deslizándome a gusto como un renacuajo en el charco, usar colores variados para darle vida a una obra, combinar ingredientes sencillos para dar lugar a un espectáculo de sabores. Eso y más son cosas que me ayudan a nivelar mi barca cuando amenaza con inundarse o incluso parece querer voltearse haciéndome naufragar; son bonanzas en mi agitada corriente.
También la tristeza hace acto de presencia y en cuanto la nostalgia le da la mano columpiándose de los recuerdos empuja a la ansiedad y se instala por algún tiempo, lenta pero segura en su estadía que en ocasiones se ha alargado tanto hasta llegar y hacer base en el campamento minado de la depresión.
Quiero y pienso a toda costa evitarla sanarla, platicarla, escribirla, para que se aleje por tiempo indefinido por lo que dure mi vida a pesar de las circunstancias.