Sigo pensando en la tranquilidad que me ofrece mi pueblo, en el silencio que se aprecia, y que en ocasiones es violentado por una serie de eventos que a mi persona desagradan pero que a los demás llenan de euforia. Eso me lleva a pensar que le queda poco tiempo, y analizándolo bien su deterioro ha sido mucho en tan solo dos décadas. Mis recuerdos parecen muy recientes y ya queda poco de él.
Puedo decir que su clima, su abundante vegetación, sus aromas, sus calles empedradas y sombreada, los saludos de los habitantes y el asombro de los visitantes, su arquitectura antigua, su exhacienda, su parroquia, sus te corrales, sus apancles (que ya no existen), el caudal del río (qué ya no se escucha) y esos señores y señoras que dignamente portaban un rebozo y un sombrero, que siempre saludaban… Es lo que más me gusta, podría decir más, pero creo que ya es nostalgia de ese Zacualpan que ha quedado atrás.